jueves, 26 de noviembre de 2015

Pedacito de Ethel

Quiero saber, de verdad quiero saber
¿por qué es tan fácil romperse?
volver todo lo fácil tan complicado
tú sólo querías un poeta genuino
no uno que escribiera pensando:
oh, sí, si escribo: eres más que sol para mí:
seguro consigo bajar bragas de mujeres tontas.
De esas que se mueren por los poetas
no de las que mueren de poesía.

Querías algo genuino,
te cansaste del título
de ser la oficial
porque ¿de que sirve ser la oficial
si van a darte un poema
en papel carbónico?

Anhelabas ser única
como esa escena de esa película
que se hizo tan inmortal
que llegó a tantas personas
tú querías ser la escena
cuando se estaba grabando
cuando se estaba haciendo
no la copia
no la incesante repetición
no el aplauso
no el dinero que llegaba después
querías ser causa y no consecuencia

no querías más que ir hasta el fondo
tenerme encima de tus muslos
sudando
llamándote mía, pero sólo mía
llamándote esposa, sin ceremonias,
ni más tinta que tus tatuajes
me querías contigo
realmente contigo
arrancándome los ojos
a fuerza de robarme la mirada

tú lo querías todo: lo inalcanzable.
El poema que desangra
no el que se caga.
Tú querías al poeta genuino
el que se olvida de respirar mientras escribe
el interprete de canciones
que termina tras el escenario
temblando de emociones entregadas

tú querías, no el mejor poema
no el poema más vendido
no el poema más culto
querías un poema, que tuviese
simplemente que tuviese
un pedacito de Ethel
realmente de Ethel
aunque luego lo reciten en otros labios
aunque luego llene de semen otras bocas.

Querías ser tú, el principio
la duda que comienza
la sospecha de que lo imposible es posible
la belleza simple
la que es tan complicada.

No me querías a mí
ni querías este poema
pero inventé el poema que querías
pero me hice el poeta que querías
porque aunque no existieses
yo te habría inventado
solamente para escribir algo
que tuviese un pedacito de Ethel.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Me gusta cuando duermes

Paráfrasis del poema XV de Neruda

Me gusta cuando duermes y me tiembla la boca
al hacer nacer un susurro:
"con que así se siente dormir con la mujer más hermosa del mundo"
pero no dices nada, no escuchas nadas, y tu respirar se esconde
entre tus labios tan bellos. Me da hasta miedo verte, pareces tan muerta.
Tus manos descansan al borde de tu almohada, parecen panes blandos
tus dedos, y yo quien se despierta en madrugada para hacer el arte
de empezar el día con olor a trigo.

Me gustas cuando duermes, pareces tan muerta
aún no han nacido en ti las acostumbradas pesadillas
te hablo y me desvelo, y se siente tan bien mirarte
pero se siente mejor saber que no lo sabes
que te cuido, y es tan puro, porque jamás podrás
agradecerme el trasnocho de acariciarte con mis ojos
hasta que se quiebren las horas.

Pero llega la mañana a arrancarte de mi lucha
de mi ardiente sueño: porque sueño más al verte
que cuando cierro los ojos. Y media hora antes
de la hora del tengo queirmequisierapoderquedarme
apago la alarma, y quiero ser yo el asesino,
porque una muerte sólo es limpia cuando se
asesina lo que se ama.

Recorro tu piel, empapo mis dedos en las caricias
que sólo puedo darle a tu cuerpo, te traigo suavemente
del sueño: fui yo quien gozó tu sueño toda la noche
seré yo, y no el cruel deber, el que te arrancará
del bello sortilegio de verte respirar como si no supieras
o no quisieras o no desearas hacer otra cosa.

Me gustas cuando duermes,
tu sexo está tan cerca
estás tú tan distante.

martes, 10 de noviembre de 2015

Estaba a punto de llegar.

Aquí estoy, arrojado a este mundo tenebroso. Me pene que estaba erecto hace unos segundos ahora es más sangre que piel, no hay metáfora que me salve. Mis padres me arrojaron al mundo y construyeron como pudieron una cuna del pensamiento cuyo recuerdo me llena de fascinación. Pero ya no tengo casi pene ni fuerzas para luchar. Ojalá el marido de mi amante me sentencie de un balazo inmediato. Acabando de una vez con tanta memoria pesada que anda sobre mis pies, cansada de esperar que pase algo nuevo pero imaginándolo con las ideas que se forman a partir de lo viejo, pues lo viejo es lo único por lo que he pasado, sólo aquí y ahora siento lo nuevo: la perdida de mi pene y junto a él mis mayores placeres; la perdida de mi sangre y junto a ella mis dolores. Date prisa y mátame, idiota. O bueno, ya qué, lo último nuevo que me va a pasar es esto. Ah, que ladilla es esperar, y no lo digo por esperar tu balazo. Aunque ya deberías matarme.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Una carta de amor para dos mujeres

No, amor, no podría juzgarte. Cuando me siento triste porque te fuiste siempre recuerdo tu hermosa sonrisa cuando eras conmigo, y también recuerdo esa forma en la que me decías que me amabas, cuando lo decías se notaba en tu tono de voz que no podías creer lo que estabas diciendo, fue tan pronto y tan genuino. ¿Cómo puede uno creer que es normal que conozcas de pronto a alguien que te haga sentir tan mujer y a la vez tan libre?
-Decías: te amo, y te temblaban las dudas, porque no podías creer cómo podías decir te amo, sin sentir que una parte de ti mentía, luego de tantos daños.

Pero no, no era mentira, nos amamos libres y mirándonos los ojos, y lo que sea que resulte de esos instantes es algo que hay que asumirse, como agradecer unos segundos de fuego luego de una noche de nieve y labores que odias.

Ahora estoy mal, y casi puedo oler que estaré peor, y por eso te pienso tanto, pero algún día estaré muerto o estaré alegre, y seguiré pensando que te amo y que ojalá te encuentre aunque no sea cierto y  los ratos despierte.

La parte más dura del destino es aceptar que tienes que aceptarlo. Y hoy me duelen tantas cosas, despierto y me siento más cansado que nunca, lo bueno es que cuando estoy cansado me duele tanto el cuerpo que recordarte no me duele casi y por eso queda un poco de espacio para amarte entre los pedacitos de ojos que dejaste en mi barba cuando sonreía mientras la eternidad de tu piel, a cambio de instantes de placer, entre gemidos, me entregabas.

Como los idiotas, he soñado con una droga que acabe con mis sufrimientos. Porque realmente siento que sería muy difícil sentirme aún más miserable. Pero, sabes, no quiero nada que me duerma, que me calme, me encanta la forma en la que mi piel se sigue erizando, como cuando sentía tus dedos a punto de tocarme pero todavía no lo hacías; o el sonido de tu voz, ese acento que me hacía sentir tan venezolano y tan extranjero de todas partes, menos de tus brazos, que se abrían para cerrarle la puerta a todas mis desdichas.