martes, 14 de noviembre de 2017

Aventura invernal, parte dos

Me bajo del auto y mi atención es absorbida por el sonar de una campana (Sí, Notre-dame), era un hombre pidiendo dinero; siempre es desagradable ver a alguien pedir dinero, en especial cuando a uno le cuesta tanto conseguir el poco que tiene.

Seguí caminando y entré al establecimiento, me dirigí inmediatamente al baño y terminé topándome con una enorme caja llena de libros, estaban en una zona sólo para empleados, pero mis urgencias de ir al baño dejaron de ser tan urgentes ante mi curiosidad por descubrir qué misterios podía descubrir dentro de la caja.

Pero no había nada de valor, y tuve que abrir la puerta del baño algo decepcionado. Usé el urinario más alto, y miré a mi lado, y pude visualizar al niño que una vez fui, orinando junto a mí, y sentí admiración por todos los niños que roban libros. 

Pensé en ese momento en mi altura, mido 1.75, no soy tan alto pero me veo muy grande por mi melena y mis fuertes músculos; entonces pensé que las mujeres siempre dicen que prefieren los hombres altos, pero al mismo tiempo las mujeres siempre dicen tener una preferencia y terminar respondiendo a cosas absolutamente diferentes a las que ellas dicen preferir. He escuchado hasta el cansancio mujeres que salen con un hombre porque es atractivo según sus estándares, pero pierden todo el interes cuando el tipo empieza a actuar inseguro y débil. Ninguna mujer puede sentirse plena y protegida al lado de un hombre inseguro, y esa es la maldición de las mujeres controladoras. Qué sólo un hombre que no vale la pena puede ser controlado.

También hay mujeres inseguras -es raro encontrar a una que no lo sea, pero algunas se pasan de inseguras- que se sienten intimidadas ante la seguridad de un hombre, y esto es, porque sienten que no lo merecen, y se distancian porque prefieren ahorrarse el tiempo, y renunciar de una vez a algo en donde van a fracasar. Uno no puede cambiar a una mujer así, pero como hombres tenemos la tendencia a ilusionarnos con los ojos; y cuando vemos a una mujer muy atractiva e insegura, créemos que una persona que ha sido toda su vida de una forma, puede cambiar sólo porque nos ha conocido a nosotros. Existen por supuesto casos en donde la mujer insegura siente que confía por primera vez en un hombre, si el hombre hace las cosas bien; pero cuando el hombre hace las cosas bien y ella se aleja porque siente que no lo merece o se intimida al conocer a alguien tan seguro de sí, fuerte y admirable; en ese caso, no puedes hacer otra cosa que dejarla ir, ella te está haciendo un favor.

Y nuevamente se me ha acabado la tinta, y no he hablado ni de un pedacito de todo lo que pasó en el día; pero ya saben, vivirlo es fácil, el desafío es escribirlo, y ya he escrito suficiente para una sola entrada.

Aventura invernal, primera parte.

Se acerca el invierno, y el otoño se va, y se va con todos los colores; sin embargo, aún es posible recorrer los caminos y hallarse ciertos árboles con color chocolate, y eso es algo muy placentero de ver.

Me hallaba en un semáforo, con un cansancio en el cuerpo que siempre me doblega en los días fríos, y mientras esperaba mi turno, unas hermosas cabras bebés estaban todas como tomando el sol, eran tantas y era tan bello mirar; pensé, por supuesto, en la cabrita mágica de Esmeralda, en Quasimodo enamorado, y en Jeca sumergida en libros como el frío en invierno se sumerge en todas las cosas.

Mi viaje continuó y pasé por esa, la escuela de Kike, algún día Kike será viejo y mirará el ayer y habrá más de esto que de Venezuela, y eso es lo que lo salva en el invierno, tiene menos en qué pensar a la hora de las nostalgias. Por un instante me pregunté si algún día en el futuro me acordaré de hoy, y sentiré nostalgia de esos días en donde sentía nostalgia de otros días en donde no sentía nada más que la ansiedad del futuro.

Pero llegó el siguiente semáforo, y me di cuenta de que yo siempre lo olvido todo, y por eso todo se siente siempre tan nuevo.

Pasé junto a la urbanización de aquella mujer -es tan triste que halla cosas que no se pueden olvidar, y otras, en cambio, que por más que queremos no podemos recordar- no mentiré, recordé su pésima forma de hacerme sexo oral; su repulsivo sonido nasal que hacía debido a que mi pene es enorme y por eso le costaba respirar. No fue una experiencia demasiado grata en general, pero se puede extraer de ella el recuerdo de la agradable sensación que siempre produce un orgasmo; y de ella diciendo que mi pene era hermoso, y que se notaba en el sabor de mi semen que era un hombre muy saludable. Un hombre siempre necesita que lo reafirmen a través de su pene, la opinión que una dama tiene de su pene es la opinión que tiene de él; y es muy interesante escuchar a una mujer hablar de tu pene, siempre puedes saber mucho de una mujer cuando escuchas con cuidado lo que tiene que decir de él.

Pero ya el coche está estacionado, y he de dejar la siguiente parte de la aventura para otra entrada, pues esta se hizo suficientemente larga.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Mujer de fuegos verdes y azules.

A ratos me gustaría saber por qué no te admiro, y creo que sin duda es por esperar hallar en ti las cualidades que admiro y no poder encontrarlas. Pienso en tu cuerpo, en su blancura de aliento invernal tumbada sobre mí. Es cierto, todo lo que alguna vez dijiste era cierto. No eras más que una máquina para decepcionar personas, pero yo quería creerme especial, yo quería creerme capaz de cambiar lo que ni siquiera era capaz de comprender. Debí suponer que era imposible, en especial cuando descubría que tenías para cada actitud una justificación bien estructurada, y el camino de las excusas no es el camino del entendimiendo, sino el de la perduración de los defectos.

Decías que no te sentías hermosa, precisamente porque sabías que lo eras, y esa belleza resplandeciente era tu peor enemigo, era el sortilegio que producía en todos los demás el desencadenamiento de sus más íntimas ilusiones. Y yo no estuve ausente, como no puede estarlo nadie que te sienta.

Esa misma belleza era lo que hacía que todos esperaran de ti nada menos que una mujer perfecta. Esa presión, esa maldición de tu belleza que era una responsabilidad y condena por tener que cumplir las ambiciones ajenas. Tus padres, tus amigos, tus todos. Nadie hacía si no odiarte por inspirar deseos que no deseabas inspirar, y desde entonces te dedicaste a ser extraña, y perturbadora.

Pero a mí no me gustabas por eso, sino a pesar de eso, ¿te quería? no lo sé, pero quién puede saber lo que siente cuando es tan intenso.

Desearte mía, anhelarte amada, y también protegida. Quererte disfrutándome, quererte queriéndome. Y cosas así como esas, tan vergonzosas pero que es tan necesario escribirlas.

Pero luego llegabas con vicios, con otros hombres, con otras actitudes. Era tan triste, querer tantas cosas contigo pero no quererte a ti. Al final nos cansamos, tú de mis deseos; y yo, yo también, me cansé de desearte, pero no de ti, a ti nunca te tuve.

Yo no soy el mismo niño, sin embargo a veces te pienso, en todo lo que pude hacer y no hice, porque no me daba cuenta de que para encender las chispas de otros era necesario no imponer la mía. Cada quien arde a su propio ritmo, con su propia llama, y yo apagué tu llama con el ardor de mis deseos.

Yo no sé de quién es esta voz que ahora escribe, no viene de mi cuerpo, sino más bien del interior de ese sexo tuyo lleno de llamas verdes y azules. No me interesa saber si eres feliz, aunque no te miento, lo deseo. Porque era tan bonito verte reír, con esos ojos de bosque, con esa risa llena de primavera y de complejos. Tú no sabes que te pienso, porque lo único bueno que hice fue nunca demostrarte lo débil que soy ante tu recuerdo, las cosquillas que siento al resbalar sobre tu mirada.

Oh, pero gracias a esa distancia tengo la certeza de que a veces me piensas, por accidente, al ver una ardilla, o al resbalarte ante el río, y su inmensa mirada.

Vas a regresar, lo sé, porque uno siempre vuelve a esos sitios donde amo la vida. Así como yo regreso ahora, regreso ahora a ti, porque estamos conectados por ese puente, el puente que une todo lo que va más allá de lo que alcanzan las palabras.

Y esta vez sé arder, esta vez sé ser mi propio fuego.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Bitácora de mi lucha contra el cáncer capítulo uno

Mi nombre es Melissa Fonderberker, y he decido hacer una bitácora de mi lucha contra el cáncer porque le comenté a Julio -mi hombre-, que me encantaba navegar y siempre había soñado con hacerlo, entonces a él se le ocurrió que deberíamos emprender esta bitácora juntos.

Nunca imaginé que iba a enamorarme de un hombre y que lo iba a llamar -mi hombre-, tantos hombres y mujeres han tratado de poseerme, y eso me daba tanto miedo, y me parecía tan enfermizo, pero si Julio no me tratara como que soy suya, y sólo le pertenezco a él, te juro que lo mataría. Obviamente no, es un decir, a veces soy muy exagerada, en especial cuando me siento a escribir, pero lo cierto es que sí me sentiría muy triste, necesito que me posea, que me quiera sólo suya, me hace sentir tan especial y única en el mundo pertenecerle.

Estoy contando las cosas mal, siempre me pierdo, nunca puedo contar las cosas como Julio, él cuenta todo paso a paso y no se olvida de nada. Yo, por mi parte, no pienso en pasos como una escalera, sino que me expreso en divagaciones -o revoloteos, como les llama Julio, mi hombre- y me termino perdiendo en lo que me hace sentir lo que estoy contando y olvido con qué intención me puse a contarlo.

Julio es para mí una primavera, cada día a su lado está llena de primeras veces. Tal vez no fui justa con él al decir que me posee, porque aunque me posea, no se siente como las personas posesivas de mi pasado, hombres y mujeres agresivos y violentos, que trataban de manipularme -infructuosamente, porque nunca me importaron demasiado, por lo menos eso sentí luego de descubrir con Julio cuánto realmenre me puede importar una persona.

Esa personas eran agresivas cuando no tenían de mí lo que querían, decían que yo les pertenecía, causando en mí una repulsión enorme a su compañía; eran mujeres y hombres muy hermosos y atractivos, pero con su caracter lleno de inseguridades, poco a poco, me hacían sentir que estaban en mi vida, no por lo que son, sino a pesar de lo que son, y esa es una manera muy triste de estar acompañado en la vida.

Debí haber hecho algo muy bueno para merecer a Julio -mi hombre- me mojo cada vez que digo que es mi hombre, y debo cruzar las piernas mientras se humedecen y siento que estoy al borde del precipicio de un orgasmo. Cuando digo que es mi hombre no digo otra cosa sino que me siento con el privilegio de ser suya.

Mi mejor amiga, Susana, me odiaría al leer esto que escribo, y tal vez lo escribo en primer lugar porque no se lo puedo mostrar a ella y en segundo porque me lo sugirió Julio -mi hombre- y me siento tan dulce y obediente al hacerlo que no aguanto las ganas de que llegue el siguiente día para poder repetirlo.

Susana es una de esas personas que no entiende que el "feminismo" y un corazón roto, son la peor combinación para el alma de una mujer. A ella le rompió el corazón un hombre que le dejó claro desde el comienzo que quería una relación abierta, y ella aceptó, no para tener una relación como la acordada, sino porque creía que ese muchacho iba a cambiar al darse cuenta de cómo era tener una relación con ella. Y ahora por fracasar en su empresa anda con un resentimiento ante el mundo que llama "feminismo".

Me gustaría poder decirle estas cosas a Susana directamente, pero nunca me escucha, es por esa razón en primer lugar por la que estoy escribiendo esto, y en segundo, por Julio -mi hombre.

No entiendo como pasé de ser una virgen que cuando tenía deseos sexuales no aparecía una sola imagen en su mente, a ahora no poder dejar de pensar en Julio -mi hombre, oh sí, mi hombre- y es que como dije antes y lo reitero ahora, Julio me ha llenado de primeras veces, del olor de su barba que es el sitio en el mundo que más huele a él, y por eso es mi hogar, o el olor de su semen, que me encanta, me deja perdida, ese aroma con tan solo evocarlo en mi memoria me lleva a las sensaciones más intensas que he sentido en mi vida, en esta vida que ahora es más viva que nunca desde que llegó Julio -mi hombre, mi único hombre.

Final de mi primer día en la lucha contra el cáncer: Julio me hizo el amor toda la tarde, muchas, muchas veces. Cada vez que me lo hace me gusta más, cada vez que me posee me dan más ganas de vivir. La cercanía con la muerte nos une, nos compenetra, nos pone en un estado de intensidad indescriptible.

Luego volveré y les contaré más cosas, ya no resisto las ganas de que me haga suya de nuevo.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Y todo por un abrir y cerrar de ojos

Salí a caminar y los árboles estaban llenos de unas inquietas frutas voladoras, que desplegaban sus alas por toda la fría tarde de otoño, y era una gracia sentirse como en un acuario de aves nadando en el viento.

A medida que mi viaje avanza me hallo con un sonido como de niño pidiendo auxilio, que captura mi atención y desvía mis pasos con prisa sin saber muy bien a dónde o por qué. Los seres humanos somos así, sólo se escriben en nuestra historia aquellos momentos en los que no pensamos demasiado, que pareciesen estarse escribiendo a sí mismo sobre nosotros.

El sonido provenía de un joven y precioso halcón, que al sentir mi presencia trató de disimular su infante lloriqueo desplazándose con delicía sobre ese blanco cielo que se sentía azul, y se perdió en la bella profundidad de los árboles rojos y naranjas del otoño.

Me sentí aventurero, y decidí caminar sin mis gafas; la ausencia de mis anteojos producía en mis ojos un esfuerzo extra muy parecido a las ganas de vivir, o mejor dicho, las ganas de no estar muerto. Continué mi paseo de esa forma, y era tan inusual que se intensificaban mis sentidos, sentía el canto de las inquietas e incontables aves con una mayor profundidas y nitidez, no era como si estuviesen en las ramas de aquellos distantes árboles, o en el cielo frío que apenas asomaba la promesa de un azul que seguro no sería hoy, sino que sentía como si esas aves se escucharan desde el fondo de mi ser, y su sonido era sólo posible escuchar gracias al silencio de la ausencia de mis ojos.

Creí entrever dos árboles que al final eran uno visto doble desde la neblina de mis pupilas, y supe entonces que era hora de volver a tener ojos.

Era un alivio, mis ojos se sentían extasiadamente nítidos, y observaba las hojas violetas y verdes del árbol de mis vecinos, los árboles rojos con hojas de sangre, o los árboles naranjas que se sienten como al borde de tu nariza, y todo eso era tan intenso y tan hermoso, y todo por un abrir y cerrar de ojos.

martes, 31 de octubre de 2017

La nena de papi

Brenda despertaba entre sueños, con su delgado cuerpo sobre el mío, y contemplaba los rasgos de su rostro que la hacían tan única, como una piedra extraña y preciosa.

La literatura está llena de historias de hombres con mujeres bastante jóvenes, desde Gabo hasta Allan Poe, pasando por Julieta y su Romeo.

Me he estado preguntando qué es la pedofilía, porque en mi mente es un abuso sexual a un niño, una criatura indefensa e inocente, sin un cuerpo desarrollado para empezar a tener sexo y sin poder protegerse. Es algo que sólo una persona pervertida podría disfrutar, y con pervertida me refiero al interés sexual por una criatura que ni siquiera está lista para empezar una vida sexual.

Por otra parte, observo a Brenda mientras está hablándome entre dormida acerca de sus sueños, pues tiene tanta urgencia por contarmelos que no se espera a despertarse; y en sueños su acento es mucho más marcado, porque en sueños es la niña que nunca ha dejado de ser.

Brenda es una niña cuando está conmigo, tiene cuerpo de mujer, pequeña, tierna, contrasta deliciosamente con mis músculos, mi barba y mi melena. Adoro tratarla como niña, y ella lo adora mucho más que yo. Ella es mayor de edad, pero ¿qué si no lo fuera? ¿Qué si tuviera 17 o 16? con sus deseos a flor de piel, estallando ante la fuerza y seguridad que le brinda a Brenda un hombre que no quiere más que cuidarla, protegerla, consentirla y llenarla de ternura.

A veces escribo poemas para Brenda, y algunos de mis lectores se sienten perturbados. En ellos le digo que es una niña, que le quiero hacer el amor, que se bañe para mí, que se vista para mí, que se siente en las piernas de papi. Y a mucha gente le perturba porque le excita. A qué mujer no le gusta sentirse protegida por un hombre, sentir su fuerza, esa seguridad y protección que les da rienda suelta a sentirse tiernas, niñas, y amadas.

Ahora Brenda ríe en sueños, como si pudiera sentir mis pensamientos. Así es nuestra conexión, es tan profunda que a veces parece que nuestras mentes se pueden conectar, leerse y sentirse, sin pronunciar palabras.

Me gustaría saber a qué hombre no le encataría proteger a una mujer, cuidarla, tener un sueño al cual conseguir, y ver a Brenda siendo su mayor admiradora, uno nunca se ve tan bien como en el espejo que son los ojos de una mujer que te adora como una niña. O ver a Brenda alcanzar sus sueños, y decirle que papi está tan orgulloso, que la admira tanto y tanto.

Tal vez no hay muchos hombres así, pero es lo que soy yo, me encanta cuidar y proteger, dejar a Brenda venir a mí mientras yo leo, o escribo, o me siento en mi sillón de pensar y ella llega a mis piernas para decirme algo inteligente y hacerme sentir tan orgulloso de ser su papi y que sea sólo mía. Porque ninguna mujer quiere pertenecer a nadie, hasta que conoce a un verdadero hombre, uno admirable; en ese momento, si él no la quisiese sólo suya, ella se sentiría ofendida, insegura de sí, e insegura de él.

Brenda quiere ser más y más mía a medida de que se da cuenta de que no soy celoso, de que hago las cosas mejores que sus pretendientes, que no soy débil, que no me desespero, ni soy violento porque no tengo miedo, y uno sólo es violento cuando no tiene el coraje de ser libre y vulnerable.

A Brenda le excita tanto cuando otra mujer está derretida a mis pies, siente que hizo una buena decisión, y a veces en sueños tiene fantasías en donde hago mías a todas sus amigas para que se den cuenta de que ella pudo conseguir a un hombre que hace ver como niños a todo el historial amoroso de sus amigas, y al suyo propio.

Qué podemos hacer si el instinto es así, y nos excita, aunque no se parezca a lo que nos enseñaron a creer que estaba mal o estaba bien.

Los días favoritos de Brenda son aquellos en donde vengo de estar con otra, porque se lo digo, y luego la penetro salvajemente. Nunca he visto a una mujer tan excitada como a aquella que sabes que vienes de cogerte a otra y aún así te produce tanto, tanto deseo, que puedes cogertela con fervor a pesar de ya haber cogido antes. Es como si eso le hiciera sentir que encontró al hombre perfecto, el que no se castra por miedo a perderla, el que sigue siendo hombre cazador, y ella, sigue siendo su presa, sin importar el paso del tiempo.

Puede que estas cosas vayan en contra de lo que todo el mundo dice que es correcto, pero nadie me enseñó esto, lo he descubierto, es primitivo e instintivo, y te quema ahí, en donde arden los poemas.

Ahora es hora de irme, y Brenda no quiere que me vaya, pero ella sabe que papi es un hombre que siempre va tras sus sueños.

Y eso le gusta, y eso le encanta.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Cinco formas de ser más interesante por mensajes de texto.

Voy a compartirles diez cosas que pueden ayudarles a comunicar mejor lo que quieren expresar por mensajes de texto para despertar el interés de las personas con quienes están hablando. Les recomendaría empezar a usarlos, no sólo con personas con las que necesiten hablar, o con esa persona que tanto les gusta, porque si no los ponen en practica hasta el punto en el que se les dé de forma natural, van a volver a sus viejos hábitos de escritura aburrida que hace que los otros pierdan el interés en ustedes.

Estos diez puntos no son tanto una regla de qué escribir, prefiero que lo vean como una regla de cómo no escribir. De cómo eliminar los malos hábitos a la hora de expresarse textualmente, y aquí vamos.

1) Sé directo. Trata de evitar usar los signos de interrogación, de hacer preguntas que parezcan una demanda en vez de una petición. Voy a dar dos ejemplos.

A) Quiero saber de ti.

B) ¿Me dejas conocerte mejos?

Para todos queda claro que va a ser más fácil dejar en visto al ejemplo B, simplemente porque los seres humanos respondemos a la voz de mando y autoridad, y vemos débil a una voz demasiado gentil y con miedo al rechazo.

2) Es aquí donde la mayoría de la gente pierde todos sus puntos:

NO LE ESCRIBAS A QUIEN NO TE HA RESPONDIDO. Hay una enorme cantidad de razones por las que una persona puede no responder un mensaje, no las presiones, esa persona puede estar ocupada o simplemente no tan interesada en ti, y ambas cosas están bien, porque si una persona no siente interés en ti, lo mejor que puede hacer es no pretender que lo tiene. Es realmente maravilloso hablar con alguien a quien le interesa escucharnos, ser pareja o amante de quien nos admira, y si te desesperas porque alguien no te responde los mensajes, vas a hacerle sentir a esa persona que tú no tienes nada admirable, y además, que no tienes nada mejor que hacer. La mejor manera de cambiar este hábito, es eliminando la poco saludable costumbre de sentarnos a esperar que nos respondan. Los mensajes NO son una conversación, los mensajes son muy fáciles de malinterpretar, si la persona con la que hablas está muy lejos, es mejor llamarla, si no está tan lejos, usa los mensajes sólo para organizar una salida con esa persona. Y esto sólo va a cambiar cuando trabajes primero en tu vida, mientras menos interesante sea tu vida, más vas a necesitar la atención de otros. Haz que tu vida sea interesantísima con o sin personas, y entonces más personas van a sentir deseos de estar en ella.

Una buena forma de evitar esta necesidad porque te respondan, es ponerte a hacer otra cosa luego de mandar el mensaje, de esa forma, sea cuál sea la respuesta de esa persona, no va a molestarte. Los mensajes que nos irritan son aquellos que nos decepcionan, no tengas expectativas al leer mensajes, eso demuestra que tu vida es miserable y necesitas de otros para escapar de ella. Y si te sientas a esperar que te respondan, vas a tener expectativas; así que no esperes, y déjale saber a la otra persona que es importante debido a que tomas tiempo de tu interesante vida para compartir con ella.

3) Esto tiene que ver con lo anterior, NO SEAS NEEDY, una persona needy o desesperada, es alguien que tiene miedo al rechazo o al abandono, es una persona peligrosa, y así lo sienten los otros. Si alguien no te responde, dale las gracias, es una forma bien clara de dejarte saber que no tienes que perder tu tiempo con esa persona. A partir de ahora tu tiempo es valioso, y vas a empezar a comportarte como si lo fuese, hasta que realmente empiece a serlo.

O puede que simplemente la persona no tiene tiempo para eso, y volvemos al punto uno y dos: sé directo, organiza una cita, y despegate del teléfono. Si no tienes noticias de esa persona, maravilloso, ya te liberaste desde el comienzo de alguien que no te encuentra interesante.

Si tienes problemas con esto, entonces ponte la regla de no reescribir hasta dentro de una semana, aunque la verdad, yo prefiero borrar el número, y así cuando esa persona te reescribe -si es que lo hace-, le preguntas, "Disculpa, ¿quién eres?", y créeme, si haces eso, las personas ya no te van a ver como nada menos que como un desafío. Y todos aman ir detrás de un desafío.

4) Deja que la otra persona hable, aunque te pregunte por ti, trata siempre que los otros hablen de sí mismos. No nos interesamos por nadie como por aquellos que se interesan en nosotros mismos. No tienes que ser Victor Hugo Raga y haber leído cientos de libros para ser una persona interesante, para ser interesante simplemente debes interesarte por los demás. Hay quienes escuchan a otros y quienes sólo esperan su turno para hablar, y créeme, a nadie le interesa hablar con alguien que no sabe escuchar.

5) No estés disponible todo el tiempo, deja a las personas con ganas de saber más de ti, de hablar más contigo. No tienes que continuar una conversación obligatoriamente, debes dejar espacio para que los otros piensen en ti, para que te extrañen, para que te deseen, para que hablen de sus amigos de ti. Trata de ser tú quién deje en visto, déjale saber a la otra persona que eres fuerte y confiable y que hace falta más que un "visto", para quebrar tu fuerza. Vas a conocer a muchas personas que pongan sutilmente a prueba tu fuerza, en especial las mujeres, ellas necesitan hacerlo porque así descartan a los chicos inseguros y débiles, que por lo general son los más agresivos y maltratadores. Siéntete halagado cuando una mujer pruebe tu fuerza, ninguna mujer desafía a un hombre al menos que ella piense que es uno de los hombres más interesantes que ha conocido.

Eso es suficiente para una entrada del blog, si quieres más textos así, puedes escribirme, y haré algún escrito referente al tema de tu interés.

-Victor Hugo Raga, miércoles 18 de octubre del 2017, en algún lugar del bosque.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Los únicos felices: no eramos nosotros.

Por Jessica Raga

  Esperaban como impacientes, el sol les burlaba los rostros, los únicos felices eran los abejorros.

Comienzo esto sin dejar de ver el azul más allá de todo esto.

Esto, la manera en que Venezuela desvaría y se resquebraja en sus habitantes.

El día es precioso, al menos para nosotros los de las sombras, es decir, quienes esperamos del lado techado de este edificio. Ahora, para aquellos bajo el sol perlado, bueno, el día es simplemente otro día en Venezuela.

Decidí pasarme por aquí como para distraer a los bostezos que se asomaban en mi rostro. Llevo despierta desde las seis de la mañana, cosa no tan grave, cosa natural estos días de clases, pero aun así cosa que da sueño cuando son las 12 del mediodía y mi libro decide tomarse el día libre olvidado en mi escritorio.

Venezuela en todo su esplendor, y me refiero al camino verdoso que tomé para llegar aquí, repetí Bonjour un par de veces, porque los árboles saludaban y una hoja me caía en la frente. No me importa ser pequeña cuando se trata de caminar bajo las arboledas.

Finalmente, aquí, una persona tras otra, un sueño frustrado tras otro, un repugnante olor tras otro… Ahora sí, Venezuela.

Las personas son algo fascinante, cada facción que conforma el rostro, la mirada que desvía un ojo tras otro, el tono labial de cada voz, las risas anonadantes, los cuerpos: víctimas de los años. Tienen una maldad genuina al reírse de las caídas y una ternura inmensa al comer chocolate.

Todo esto lo pienso y ninguna de estas personas parece inmiscuirse en mi presencia, cosa que agradezco más allá de esa peculiar mirada que me dieron esas dos mujeres de nubes polvorientas (azul rebosando el parpado de los ojos).

Espero, la sombra acoge y extiende historias que luego les contare, por ahora, un niño llora. La madre es joven, está agotada.

Una pareja se llena de besos, se succionan hasta la respiración, el hombre miró de reojo a una mujer que pasó.

Han sido treinta minutos, ahora hay muchas más personas, el sol se ríe a carcajadas. Si tan solo aprendiéramos a reírnos en conjunto.

Al fin los minutos transcurren junto con los pasos, entro, me siento en una mesa, me pregunto si mi naranja será agria o dulce.

Cuatro jóvenes se sientan, pérfidos, alegres y repugnantes: han robado platos y comida.

Miraban como agujeros, las paredes gritaban despavoridas, ¡huyan! –decían los abejorros.

    Las mandíbulas se abrieron, unos a otros se comieron.

Cuatro en mi mesa pasaron a ser uno: una inmensa masa de comida putrefacta, con rostro ininteligible.

Otros rostros agraciados transmutaron a exagerados labios que reventaban de labial y vanidad.

Unos a otros se arrojaban comida y pasta dental, reían como en pesadillas, pisoteaban el dinero, mendigaban por otra moneda.

El niño huyo llorando con las ropas desgarradas, otros no corrieron con la misma suerte, robaban a bolsillos ya sin portador.

Divina comedia humana, dejé mi naranja, Venezuela se desborda.

Lloraban en silencio, ni las nubes acogían, los abejorros preguntaron a donde se fue la valentía.

Unos a otros se aniquilan, unos a otros se empecinan, ¿es la hambruna, la desesperación, el miedo?

Yo solo veo como se destrozan, robando bocados, jugando con la injusta balanza del dinero.

Venezuela ha transmutado, Venezuela ya no será la misma, Venezuela esta corrupta.

No soy nacionalista. Todo nacionalismo es egoísmo. Qué ha hecho el nacionalismo sino destruir cordilleras, llevar sequia a lagos, partidos políticos a la riqueza.

Vivo en Venezuela y soy testigo de esta comedia humana. Ya no se habla sino de cómo aprovecharse de otro, cómo ganar a otro. Estamos corruptos, estamos deshechos. Somos venezolanos.   

lunes, 18 de septiembre de 2017

Capítulo uno, "El sueño"

Ronald era de esas personas que se dormían al tocar los asientos del autobús, por eso es este relato no empieza diciendo que dormía, sino que las entradas que se asomaban fervientemente en su cabeza se balanceaban sin cesar y sin dueño, como las olas de un mar, de un mar de sueños.

Esta es la historia de una mujer infiel, o para ser más específicos, de una mujer que estaba siendo infiel mientras Juan dormía en el arrullo caluroso y mal oliente de un autobús con dirección a Maracay a través de los interminables baches de las calles de Mariara.

Juan había estado desesperado por ella, porque no lo dejase, por no perderla. Pero la desesperación es egoísta y el egoísmo desvía la atención de las cosas obvias que están frente a tus ojos. En otras palabras, era bastante claro que su mujer estaba viendo a otro, pensando a otro y, naturalmente, alejándose de Ronald para tener tiempo y espacio de dudar de su amor en otros brazos, con otro hombre dentro de ella.

El miedo de perderla acrecentaba su deseo, la cercanía en su mente de un final definitivo y atroz lo llenaba de una fuerza voraz e intensa que lo perseguía hasta en sueños, desarrollando así el hábito hasta ahora nunca antes presente de hablar en sueños.

En sueños hablaba, hablaba con ella, y a ella le contaba sus sueños incluso antes de despertarse, como si tuviese prisa, la prisa de los que temen la única muerte posible, la del olvido.

Pensaba en ti. En toda tu piel, te miraba acostada, boca arriba, tus senos desplegándose bajo su propio peso; son tan hermosos, con tu piel de arequipe, dulce como ella sola, y esos pezones oscuros que me hacen agua la boca. Creo que cuando pienso en ti se me hace agua la boca porque me das sed, me das ganas de beberte, de hidratarme de ti, de sentir los tonos de tu piel en mi lengua, y llenarte por completo de saliva, y sentir ese sabor a ti que nadie más tiene. Sentir esa suavidad y frescura de la que me llenas mientras te beso y mi pene crece, y se endurece, y te quiero penetrar por todas partes y de todas las formas en las que sabes que sólo yo sé cómo hacerlo.

Entonces despertaba, con una viscosidad saliendo tanto de sus labios como de su endurecido pene. Su piel se despegaba como un suspiro del cristal ardiente de la ventana, adherido a su piel por el sudor escalofriante de un despertar abrupto. Sus ojos no le dolían, pero era algo peor que dolerle, no podía sentirlos debajo de esos pesados párpados que se negaban a abrirse con la misma vehemencia con la que él se negaba a dejar ir a la mujer que amaba. Un bostezo que parecía tragarse el autobús, los pasajeros y su mal aliento al mismo tiempo consiguió hacerlo lagrimar; eran lágrimas las que necesitaba para abrir los ojos, y eran también lágrimas las que estaban por llegar a su vida, pero él todavía no sabía que estaban generándose al mismo tiempo que el deseaba con todo su ser por última vez a la mujer que era el centro de su vida, y estaba por convertirse en el centro de su muerte.

Cine: Warrior (2011)

Hay películas que si nos las cuentan, nos harían bostezar; pero al verlas, nos hicieron conmover hasta el punto de las lágrimas. ¿Qué no es acaso una buena película aquella que nos mantiene en una tensa atención y hace que las horas que dure, se nos pasen como si en esas horas no existiese el tiempo?

Una cosa muy interesante ocurre en el proceso de selección, tanto de un libro como de una película. ¿Alguna vez han observado con detenimiento esa expectativa que ocurre antes de adentrarse en una de esas aventuras de la imaginación? (Acaso no toda aventura empieza en la mente y no termina sino hasta que la dejas de pensar). Lo encantador de esto es que la película o el libro nunca va a ser como la estamos proyectando, pero al mismo tiempo, si lo que proyectamos no es estimulante, cómo elegir entre tantas opciones y terminar encontrando a aquella, la que te hace sentir tanta felicidad por un instante, que te hace preguntarte ¿Cómo carajos es posible que pueda sentir otra cosa luego de sentir una dicha tan honda? ¿Cómo es posible sentir tantas emociones y que después la vida siga, como si vivir fuera algo normal, y a la vez algo que te permite sentir tanto y tan hondamente?

Esta reseña no se trata de una descripción intelectual de lo que va a pasar en una película, porque cuando trato de contarme a mí mismo lo que vi, esas palabras no tienen el aroma que sólo tienen esas escenas, esas emociones que no hubiese sentido si me contaban o me explicaban por qué debería ver algo. Constantemente uno es bombardeado por otros acerca de las cosas que les gustan, desde las sombras de Grey hasta los juegos de los tronos (si es que hay alguna diferencia, pues sólo conozco ambos nombres por referencias), y las explicaciones de esas personas te quitan esa fascinante expectativa, que aunque inherentemente errónea, es indispensable para gozar de cualquier empresa o aventura.

Uno puede creer que se puede hablar de un libro con mayor facilidad de la que se puede hablar de una película, porque el libro está hecho de palabras; pero la verdad es que un libro no está hecho de palabras, está hecho de sueños e interpretaciones, y es por eso que el arte de contar, de contar las cosas que sentimos, no está en las palabras, sino en lo que las palabras te susurran y acarician, en la forma en la que te seducen.

Ya has leído lo que me ha inspirado esta película, ¿Vas a verla? ¿O no necesitas que te la cuente?

jueves, 24 de agosto de 2017

Águila brava

Estaba en el desayuno, y un aleteo interrumpió todo eso que pasa dentro nosotros y desaparece cuando algo extraordinario toma lugar.

Un águila voló y yo fui tras ella, como siempre voy tras de todo lo que me llama para darme una lección.

Sus alas eran grises y enormes como una capa bastante elegante, llena de ese prestigio que esconde nuestros anhelos de volver a ser lo mejor que fuimos cuando fuimos niños.

Una lluvia de niebe descendía de sus alas grises como si sus alas fuesen dos espejos reflejando enormes y profundas montañas.

Yo pensaba en Lupe, la ardilla, y en tantas cosas que se llevaron mi corazón para dejarme literatura.

Cuando la vi más de cerca comprendí que era un anciano, su cabeza casi no abrigaba plumas, su hermoso pico estaba pegado a un rostro cansado tanto de lo bueno como de lo malo. Y unas bellas garras de oro aferraban ese enorme y agotado cuerpo a la rama de un pino tan antiguo que la hacía ver recién nacida. Era tan triste y tan hermoso. Ella miraba a todas partes, y a veces me miraba a mí, porque yo era en ese momento el vacío que tienen todas las cosas que no tienen explicación.

Miraba cabizbaja, no derrotada, sino como alguien que espera lo inevitable, como alguien que verá este otoño caer las hojas por última vez.

Y dolía, dolía ver eso en medio de tanto hermoso y de tanto verde. Pensaba en que el individuo siempre muere, pero la vida sigue. Y sigue la vida, y sigue lo verde.

Entonces vine a escribir esto, y en mi ventana vi algo que no podía creer a pesar de que podía verlo. Y era otra águila, esta era más bien joven, hermosa y resplandeciente. Fría como las personas que se saben hermosas, vanidosa como a quien no le cabe más juventud y belleza. Los mismos colores, pero mucha más vida por vivir que por dejar atrás.

Y no pude sino pensar en mi padre, en nuestro último abrazo. En cuánto le debo y en cuánto lo pienso. En que llevamos cinco años sin vernos, pero si algún día me llega la noticia de su adiós para siempre. Esos cinco años sin él serían una obsesión, una novela la cuál escribir. Porque escribir para mí es a veces eso, vivir todas las cosas que quise y no pude, porque en esta vida rara vez se puede lo que quieres, al menos que quieras cosas que no vale la pena querer.

Yo pasaré, mi padre también, y hasta puede que leas esto y ya no estemos. Pero viviremos para siempre en todo el que vea la mirada sin miedos de un águila triste en sus últimos vuelos.

viernes, 18 de agosto de 2017

La lluvia, mi niñez, y las manos de mi padre.

                    Con cariño para Mika.

Vivíamos en una casa que construyó mi padre encima de la casa de mi abuela. (Nosotros los latinos y nuestra incapacidad para soltar cosas que nos hacen sentir cómodos y a eso le llamamos amor). Era una vista directo a la autopista, era imposible salir a tomar aire, salías a tomar contaminación y regresabas negrito de mugre a la casa. Excepto cuando llovía.

Al llover mi padre colocaba sus manos sobre el muro del cual colbagan las rejas, y miraba a través de esa blancura enegrecida de la pintura; se ponía a mirar el pasado, como si la lluvia fuese la nostalgia y a través de ella mirase los recuerdos que él llamaba su vida.

Era verlo vulnerable y humano, a él, un hombre tan fuerte, un dios de las palabras. Pensar en el padre que nunca tuvo, en la pobreza que lo vio nacer, en los éxitos tan vacíos, en letras de vallenatos y de poemas. Y lloraba, lloraba despacito, como si le bostezara el alma.

Siempre le preguntaba por qué lloraba, o por qué estornudaba como si fuese a romper los vidreos de los carros con tan estruendoso sonido.

Él reía como mirando su corazón roto y entendiendo que yo no podría entenderlo nunca, no podría entenderlo nunca porque él nunca dejaría que me quedara sin padre y con pobreza, como él se quedó.

Me preguntaba qué sentía yo al ver la lluvia. Yo miré agua cayendo. Y sentí un olor de tierra mojada como que limpiaba y sometía mi alma. Y como siempre, tenía el hábito de decir que no sentía nada cuando sentía algo tan enorme que me daba miedo tener que lidiar con el coraje de afrontarlo.

Él me decía que la lluvia lo hacía sentir triste, y acordarse de un amigo que quería mucho y que se había muerto. Me lo decía con los ojos viendo hacia adentro, como sólo se puede mirar cuando se miran las cosas que se han perdido.

Y desde entonces la lluvia tiene dos significados, uno sin nombre y con olor a tierra mojada. Y está la otra lluvia, la de los ojos de mi padre soñando lo imposible.

¿Y a ti? ¿Qué dolor se te moja cuando llueve?

jueves, 10 de agosto de 2017

Creíste

Creíste que te había olvidado
pero sólo te estaba odiando.

¿Te hago un poema de esos falsos?
De los que dicen que te aman libre
pero sólo es mientras crece el deseo de poseerte.

Aquí no hay víctimas ni culpables.
Tú cuentas tu historia
yo callo la mía.

No es secreto para nosotros
que hablar de ti me da vergüenza
mentiría si te digo que no te extraño
y mentiría aún peor si te digo que estuve orgulloso de ti.

En cuántos poemas habremos de contar nuestra historia.

El comienzo fue simple:
antes de darnos cuenta
ya empezamos a necesitarnos.

Pero tú siempre querías más
y si me hubieras dejado en paz
te habría dado más que más.

Me pusiste a prueba cada día.
Y fallé todas las pruebas.

No te amaba por lo que eras
sino a pesar de lo que sigues siendo.

¿Quién puede amarte por lo que eres?
Cuando lo que eres hasta a ti misma te hace daño.

Qué feliz te ves pretendiendo que eres feliz para negar que estás vacía.

-Tanto como yo desde aquel último día-

Sí, yo también creo que mereces esos poemas que ahora te hacen con mala ortografía.

Prefiero que creas que te olvido.
Te di tanto de mí
que saber que ya no estás mi vida
no deja de representar peligro.

Pero eso no es todo.
Eres también lo hermoso.
De qué voy a arrepentirme.
Si no he mentido nunca acerca de lo que eres.
Te dije lo que era hermoso
te dije lo que no lo era.
Sólo mentí cuando me aburrí de ti.
Cuando peleabas, cuando molestabas,
cuando pretendías que estabas siendo más de lo que merezco, cuando ambos sabemos que estabas tan ocupada probando mi amor, que no te quedó tiempo de amarme.

Siempre te arrepentías de cada hermosa cosa que llegaste a darme.
Eres tan dura por fuera
y por dentro tan cobarde.

Lo cierto, es que no dejo de pensarte.
Ve a poseer al sexo débil.
Controla a toda esa gente que se hace pasar buena, sólo mientras es cobarde.

Yo seguiré siendo para siempre
un hombre imperfecto
sin miedo de dejarte
un hombre fuerte y dominante.

Me cambiaste,
me rompiste,
me hiciste odiarte.

Pero al final
tú sufriste más
porque yo sí llegué a amarte.

martes, 25 de julio de 2017

Qué triste y qué azul.

Me miro al espejo y mis ojos se ven hermosos y tristes
como si esa ausencia se hubiese metido
en donde suele meterse
en el frío
en el miedo
en la sed.

Trajiste trasnocho
y un monton de deseos
más dulces que cualquier verdad.

Ahí está el caballo aquel
que cabalga lejos de mí
porque siente todo lo que pudo y no fue.

¿Y cómo una mariposa tan pequeña te puede acariciar, ahí, en donde duelen las guitarras?

Yo sé que nadie creería que este poema no es para ti,
ni siquiera tú.

Pero juguemos que se puede mentir
juguemos que nunca fuiste
que me duermo temprano
y que soy feliz.
O mejor,
juguemos que estás aquí,
juguemos que fuiste lo que nunca pudiste,
juguemos a que te hago feliz.

viernes, 23 de junio de 2017

El arte de las palabras.

Es curioso, pero me doy cuenta que hay un proceso previo al escribir bastante interesante; y es que, antes de ponerme a escribir, siento que las palabras vienen a mi cabeza, trayendo música, imágenes, bailes, movimientos, aromas. Y esas cosas vienen en orden de nacimiento, sin contradecirse la una a la otra, todas parecen venir sin otra función además de hacerme sumergirme en ese lago que es la consciencia.

Pero luego, me siento a escribir, y nada es lo que estaba en mi mente antes de empezar a expresarlo. Es como si hubiesen dos tipos de palabras, las expresadas y las del silencio, y siempre son más bellas las del silencio. Pero, esas palabras del silencio, son inexpresables, y cada palabra que se escribe, muestra una sombra de ese silencio, pero no lo contiene, porque esa es la delicia de sentir, que sentir es intraducible.

Hay personas que al escribir intentan alcanzar algo, un nivel, una perfección, o un canon de belleza. Porque sí, así como hay cánones de belleza en todas las culturas, también hay canones de belleza en la literatura. Porque recuerden que el mundo de afuera es una manifestación de lo que llevamos adentro, así que si hay desorden y caos a nuestro alrededor, puede ser un síntoma de que hay cosas que necesitamos sanar por dentro.

Ahora bien, por lo que me han contado de Mozart y otros a fines. Ellos tenían una percepción musical de las cosas, una manera de ver el mundo a través de sonidos. Yo creo que al escritor o por lo menos a mí, me pasa lo mismo, sólo que con las palabras. Y no digo esto tratando de vanagloriarme, simplemente creo que es la cualidad de todo talento, me parece que hay más vanidad en negar el talento con falsa modestia para que otro nos lleve la contraria y nos adule, que simplemente aceptar que está ahí como aceptar cualquier hecho.

Casi siempre se tiene la idea de que los genios son vanidosos y viven en un caos. Si ese es un requisito para ser un genio, me parece que es un poco tonto. No creo que el talento de alguien dependa de su incapacidad para afrontar problemas, derivado en la construcción a través de su realidad interna, de un mundo propio que lo refugie del real. Lo que trato de decir es que no creo que nadie necesite, por ejemplo, drogas para expandir su consciencia o experimentar demasiada miseria y sufrimiento para aprender algo. Creo que si eres inteligente, esa inteligencia te puede hacer ver el peligro de las cosas. Así como si vemos un precipicio, sentimos un peligro y nos quitamos, creo que lo mismo puede pasar con las cosas que pertuban nuestra consciencia, y tal vez el principal problema de nuestras vidas es que no nos vemos a nosotros mismos, no nos escuchamos ni observamos, estamos tan interesados de buscar algo prefijado o de huir, que nunca entendemos nada, ni sentimos lo que está a nuestro alrededor.

Sigo pensando en lo de las drogas para expandir la consciencia, la verdad no creo que la consciencia pueda expandirse. Lo que pienso es que si uno se droga, pues está drogado, y podemos darle nombres fabulosos a las cosas que sentimos, pero esto sería como decir que por apagar la luz el mundo deja de existir.

Pero volviendo al tema de escribir, la sensación que me produce es que hay algo en mi mente, y ese algo lo quiero expresar, lo quiero comunicar, y nunca lo consigo, pero mi tarea es hacer que la distancia entre lo que digo y lo que quiero decir, se reduzca al máximo. Y allí creo que tocamos el punto de la habilidad. Es decir, el talento es innato, en mi caso, la primera vez que me atreví a hablarle a una chica (De hecho, ella tuvo que hacer hasta lo imposible por acercarse a mí, debido a que yo era espantosamente tímido.) ya le estaba escribiendo poemas, e inventando historias de amor con ella, y mientras los otros muchachos de mi edad se hacían novios de las chicas para aprender a besar o para engañarlas y tener sexo con ellas, yo estaba convencido de que a esa chica la iba a amar para siempre a pesar de que ella no sentía lo mismo. Al contrario, a ella le parecía que yo simplemente era un niño guapo por ser muy blanco y tener rizos y un enorme culo.

Otra cosa que me hace sentir que el talento es innato, es el hecho de que al leer mi primer libro, a los 15 años, lo primero que sentí es que quería escribir libros, y usar las palabras para expresar las cosas profundas que necesitaban expresarse porque era indispensable que no muriesen en el silencio de las cosas que se van como si jamás hubiesen pasado.

Lo innato, es aquello que no puede incrementar con la práctica, que no se puede mejorar, que no depende de nuestros esfuerzos. Escribir no me hace ser más sensible ante las cosas hermosas, y esa sensibilidad, en cambio, sí es la que me hace escribir. Yo no decido ni elijo que me guste escribir, o que me encante leer, o que el olor de los libros me fascine tanto como el de una mujer amada, o que al escribir el tiempo se me pase como si para morir en palabras hubiese nacido. Y esa es la belleza, lo inmedible, lo incontrolable.

Controlar, el deseo de prolongar lo bello y hermoso, de hacerlo perdurar en el tiempo, lejos de lograr su objetivo, lo daña por completo. El momento en el que somos conscientes de que algo es hermoso, deja de serlo. Para explicar esto mejor, contaré una historia. Bien, estaba con una persona caminando por el bosque, yo le señalo a esa persona una bella flor, y esa persona dijo que era hermosa, y luego, empezó a hilar un monton de recuerdos relacionados a flores y todo lo demás. Mi punto es, que no observamos para sentir, sino para asociar, y ese proceso de asociación, de comparar todo lo que vemos con lo que está en nuestra memoria, no nos deja sentir por completo el aroma de la flor, y su color, y en sí, su belleza.

Pero todo tiene su respectivo lugar, el lenguaje es una ciencia, es matemática, es lógica, es un orden. Sin las leyes del lenguaje no podríamos entendernos, y me parece que allí es donde toma lugar la habilidad, que es, al fin y al cabo, lo que permite expresar lo que va más allá de las palabras. Muchos amigos que escriben, dan por sentado que lo que uno está leyendo, es lo que ellos tienen en su mente. Y no es así, uno lo que tiene frente a los ojos es un desastre de palabras que no refleja nada de lo que ellos tenían dentro antes de escribir. Y es allí donde la habilidad toma lugar. La práctica no te hace sentir, te hace expresar lo mejor posible lo que sientes. Porque las palabras son herramientas, y lo realmente esencial, no son las palabras, sino lo que va más halla de las palabras. Y ese creo que es el balance, las palabras como instrumento, para ir a lo que se esconde más allá de ellas.

miércoles, 7 de junio de 2017

Tu sonrisa es un cielo despejado.

El cielo era pálido, enorme, como si una gigantesca nube blanca estuviese ocultando el universo. Caían gotas suaves, largas, leves, como el hálito de algo hermoso que no se puede nombrar. "Cuando el clarín de la patria llama hasta el llano de la madre calla", le dije, recordando una frase que alguna vez mi madre me contó, una de esas frases aleatorias y sin sentido que vienen a la mente cuando llueve de forma tan delicada. La manifestación desordenada de los recuerdos, ese es un hábito común en los desterrados, una especie de nostalgia sin anhelos, una manera de olvidar todo lo que una vez fue tu hogar a través de recordarlo de una forma tan vaga y hermosa que pareciese que nunca hubiese pasado sino que lo soñaste. 

A ella le gustaba este hábito mío, me miraba como si nunca hubiese existido nada tan hermoso antes de mí, y yo me sentía amado, amado de esa forma que sólo puede ocurrir cuando eres absolutamente vulnerable, cuando sientes que podría pasarte cualquier cosa espantosa, hasta envejecer, y esa mujer seguiría a tu lado pensado que eres lo mejor que le haya podido acontecer en la vida. 

Estábamos solos, sumergidos en esa dicha que sólo tienen los amantes que se sienten completamente entregados y libres de cualquier tipo de interrupciones. Ella tenía una franela mía que le llegaba apenas a los muslos, y debajo no había más que una hermosa ropa interior negra invisible debido al delirio que me producían sus piernas. Se veía tan hermosa que no sabía si le acababa de hacer el amor o estaba apunto de hacérselo, y me encantaba perder la noción del tiempo al mirarla.

Afuera el cielo se hallaba tan pálido, pero su sonrisa sin mostrar los dientes era lo más parecido que he visto a un cielo azul de verano cuando se encuentra despejado. Sus ojos me ardían en el pecho como la voz de un pájaro. Le dije las palabras más bellas que hallé para describirla, pero uno no puede mirar a los ojos a una mujer que ama sin sentir que todo lo que le dices es una mentira, que las palabras pertenecen a otro mundo, el mundo de los que temen estar solos y a ese miedo le llaman amor, pero en cambio este silencio era tan como esa lluvia, estos ojos de voz de pájaro, esta sonrisa de cielo despejado... 

No te amo, ¿sabes?, no, no te amo. Decir que te amo es llenar este nacimiento de ayeres muertos y pesados, pero tú eres tan gris como este cielo y hay más dicha en el frío de tu cuerpo y en el ardor de tu alieno de la que hay en cualquier símbolo o significado.

Ella me dijo que tenía frío, y muy pocas cosas me estremecen tanto como cuando ella me dice eso y lo puedo ver en su piel de pasto acariciado por la brisa. La desnudé, porque cuando mi mujer tiene frío yo la despojo de todo abrigo que no sea el de mi piel; la acosté, la puse boca arriba, abría sus brazos como dos alas y contemplé por unos instantes su cuerpo, dejando que mi cuerpo se desbordara de ganas de poseerla mientras la miraba. Cada detalle de su cuerpo, cada uno de los rincones que me pertenecen; y me detenía en la magia envolvente de sus areolas y pezones que me fascinan mucho más durante el frió.

Y para qué contarte que la llené de besos, que me encanta el sabor de sus senos, que antes de que me diera cuenta ya ella estaba sobre mí, y nos mirábamos a los ojos siendo uno, mirándonos como nunca nadie se ha mirado, ni siquiera nosotros mismos.

Y dime, para qué te cuento eso, si tú también estuviste ahí... 

sábado, 3 de junio de 2017

Capítulo uno: el encuentro.

Los amores se sustentan de la ilusión, en cambio, esos instantes de inmensidad en el bosque, son vivos, van más allá de todo lo que pueda crear la imaginación.

Desde el primer momento en el que se conocieron, él sintió que caía en un abismo, y las cosquillas de ese salto le hacían sentir agradecido por no saber volar, por no poder resistirse a esta caída.

Quizá por puro hábito, la ignoró; él tenía la costumbre de ignorar deliberadamente a las personas hermosas, en especial si estas se mostraban muy interesadas en coquetear con él, cosa bastante frecuente. Él era un hombre muy fuerte, con un rostro de facciones muy finas y masculinas, un ser que tenía más relación con la naturaleza que con la sociedad, y que no salía de su casa sin un libro, y aprovechaba cada momento para leerlo, lo que le hacía casi inaccesible para las personas que querían llevarlo a la cama, y cuya única puerta de acceso era ese libro, debido a que era donde se posaba toda su atención cada vez que se hallaba en sociedad.

Ella trabajaba en el hotel donde él se hospedaba, la bella isla de Margarita representaba para él un cambio de clima, salió de los profundos bosques y de las cuatro estaciones del año, para encontrarse en una tierra de verano, arena, y mar.

Le gustaba ir a leer al mar, y llevarse un libro consigo, enterrar sus pies en la arena y sentir que esa calidez era el amor incondicional que reciben los niños con suerte. Le costaba abrir su libro, casi toda la atención se iba en la contemplación del mar.

Luego de eso iba al hotel, y cada vez que estaba leyendo en el comedor, sentía unas cosquillas en su estomago que lo forzaban a dejar de leer, entonces miraba a su alrededor, y en cuestión de segundos, aparecía ella, y esa conexión más allá de las palabras, incluso del lenguaje, lo dejaba anonadado. Ella simplemente pasaba y él sentía que todo era perfecto, sólo porque ella estaba caminando.

Pasaron por muchos encuentro sin palabras, entre ellos se entretejía una historia de amor que se escribía en cada uno de los rincones de aquel hotel en donde se topaban. Él no conocía los hábitos o rutinas de ella en ese trabajo, simplemente sabía donde encontrarla siguiendo esas cosquillas, ese instinto que lo llamaba; un instinto tan perdido entre los humanos pero que en su bosque lo podía ver en cualquier momento y maravillarse, porque estaba presente en todo el mundo animal. "Tal vez las palabras nos alejan de ese instinto", pensaba, al sonreír por sentir las cosquillas cerca y saber que la mujer destinada para él estaba por aparecer.

Sin darse cuenta, como nacidas de esas cosquillas y no de su proceso mental, pronunció las primeras palabras que resonarían el resto de sus vidas en las consciencias de cada uno:

-Todo es perfecto cuando tú caminas.

A lo que ella respondió con un estornudo, y empezó a reírse de una forma muy tierna, y su riza se fue disipando por comentarios con un tono burlesco y un excesivo uso de palabras obscenas que parecían transformas el comienzo de su primer diálogo y darle un tono bastante humillante para él.

Cuando él sintió su risa, sus cosquillas llegaron a niveles nunca antes alcanzados, estaba al borde de perder el aliento y morir físicamente de tanta dicha. Pero ella empezó a decir esas cosas que suelen decir las personas cuando no entienden la belleza del momento y terminan arruinándolo por completo debido a que sus reacciones lejos de darle continuidad al encantamiento y dejarse someter por él, lo exterminan por completo, como si fuese necesario explicar las cosas y darles un sentido antes de empezar a vivirlas, una incapacidad total para la improvisación, cosa muy frecuente en las personas de la urbe y en cambio ese instinto de improvisación es tan indispensable y desarrollado en todos los que viven en total contacto con la naturaleza.

Él se retiró bastante avergonzado e irritado, sin pronunciar palabra alguna luego de la primera y única frase que desarrolló tanta emoción y que ella transformó involuntariamente en tanta humillación, y cuando se marchaba sin despedirse ni dar explicaciones, ella vio claramente en su rostro que había dicho o hecho algo terrible y que le era imposible saber por qué, pero que debía hacer algo de inmediato, y como en esos momentos en donde no pensamos en que lo que hacemos es rogar, o peder el orgullo o algo que no haríamos por nadie, ella simplemente pronunció las primeras palabras que nacieron de sus cosquillas y no de su intelecto; las primeras palabras no pensadas sino sentidas con todo su ser, sus huesos, su sangre y su piel; las primeras palabras que hacían encender la llama destinada a someterlos a ambos, debido a que cualquier comentario que no fuese nacido de este impulso, estaba destinado a destruirlo por completo.

Y fue entonces cuando le dijo:

-Oye, espera, ven.

Fueron pronunciadas en un tono tan dulce, tan hermoso, tan demandante pero a la vez tan entregado, el tono de su voz le decía "Ven, yo también te necesito, yo tampoco me lo explico, pero sin conocerte ya no puedo vivir sin ti."

Ese tono era tan distinto a aquel primero que pretendía saberlo todo, que traducía su atracción mutua a un lenguaje tan burdo, tan corriente, arrojando la belleza inefable que los juntaba a un terreno en donde no podía más que perecer.

Y fue entonces cuando el se detuvo, y por primera vez desde que se hospedaba en el hotel ella lo vio sonreír, y fue la única vez en toda su vida en donde ella sintió por un instante que era capaz de entender todas las cosas sin necesidad de explicárselas mientras fuera capaz de sentir esa sonrisa. Y él al ver esa mirada tan hermosa, evidentemente producida por su propia belleza, bajo sus enormes pestañas y totalmente sonrojado se dio la vuelta y se esfumó, sintiendo que iba a morir de tantas cosquillas y del fuerte palpitar de su corazón.

sábado, 6 de mayo de 2017

Hay adioses que es mejor callarlos.

Él despertó junto a la mañana y salió a escuchar el trino de los pájaros. Estaba perdido en la maravilla que es sentir los tonos de todos los colores sin ponerles nombres, su mirada se hallaba fijada involuntariamente en una gota de rocío encima de un trebol. Entonces la vio a ella, venía regresando borracha de la noche, y en ese momento comprendió que nunca volvería a ser capaz de sentir nada por ella que no fuese lástima. No quiso mirarla, no quiso que sintiese que él se creía superior a ella sólo por no necesitarla -que era un hecho-, y dejó que el sentir de la fresca mañana se convirtiera en la muerte de la violencia inherente de los deseos y sus contradicciones.

Ya no eres ni un deseo frustrado, pensó, ahora eres sólo lástima, así que será mejor hacerte creer que no eres nada

domingo, 26 de marzo de 2017

Relato: Una breve historia de amor con Lupe.

Tomé un abrigo que se hallaba en un lugar que no era el adecuado, observé la belleza de la rosa que se encuentra en mi mesa de leer alrededor de varias botellas empezadas (me gusta el sonido que hacen al triturarlas antes de arrojarlas a la basura, y por eso dejo que se acumulen para hacerlo varias veces a la vez) su color era tan profundo, un rojo sombrío, pocas cosas son tan enigmáticas como el color rojo cuando es producto de la naturaleza y no algo artificial. 

Observé los libros en la ventana, y me di cuenta que cuando el cielo está nublado sus portadas no se ven tan hermosas. Por lo general al ver las portadas uno siente algo así como el deseo de leerlos todos a la vez, y junto a ese deseo, el miedo de que tal vez la vida o la muerte no consideren que ese deseo se deba satisfacer, y uno se siente como regresando de sumergir la mirada en un abismo sin fondo, luego de contemplar todas las posibilidades que podrían impedir la lectura de todos esos libros.

Al abrir la puerta resaltaban las ramas rojas del árbol del fondo a la izquierda, esas ramas ruborizadas resaltaban de inmediato en medio de tanto verde. La mirada se fue a la ventana, como despidiéndose con un suspiro de los trescientos libros. El canto de las aves era intenso pero no cercano, estaban todas bebiendo la ausencia de sol desde la copa de los árboles.

La dirección del caminar se fue hacia la salida más cercana a la calle principal, y pensé en la ardillita Lupe, y me pregunté si me estaría viendo aunque sea por lo menos en uno de sus frecuentes sueños. 

¿Les conté cómo conocí a la pequeña Lupe? un día me hallaba trabajando, y estaba descansando del espantoso y ensordecedor sonido de las máquinas, y ella pasó junto a mí, como esas cosas que te pasan por un lado y sientes que nunca habías visto una cosa tan hermosa caminar sobre la tierra. Saltaba en vez de correr, su gracia era tan evidente como imposible de pasar por alto, saltaba con las dos patitas del frente sumergidas en su pecho, y las desenredaba para caer apoyada en ellas. Y seguía y seguía y en cada salto yo la sentía. No podía verme porque las ardillas sólo ven los movimientos. Estaba actuando tan natural y despreocupada, muy pocas cosas en el mundo podemos decir que son hermosas cuando nadie las está viendo, pero sin duda Lupe es una de ellas. Yo estaba inmóvil, paralizado ante tanta belleza, y de vez en cuando tosía pero la brisa no le permitía a Lupe escucharme.

Luego retomó su elegante saltar que era su forma de llegar a todas partes, oh, sí, cada uno de sus suaves rasgos indicaban que era un pequeña, subía al árbol como nunca vi a otra de las ardillas subirlos, con el mismo movimiento de su salto, de dos en dos, como si sus patas delanteras y las traseras fuesen dos en vez de cuatro, y se le sentía tanta energía y tanta belleza.

Las ardillas suelen tener una energía que las pone ansiosas, muchas mañanas luego de un mal sueño he sentido envidia por ellas. Nunca me he drogado porque nunca he querido tener dueño, pero a veces uno se siente tan agotado desde el comienzo del día que sin darse cuenta se halla desesperado. Pero Lupe me mostró el secreto, luego de su primer caminar, el que le dio origen a nuestra historia de amor, ella se sentó encima del tronco cortado de un árbol (que debí cortar hace unos años debido a que estaba enfermo y su existencia ya no enriquecía a los demás árboles). En ese tronco ella se veía como una de las obras de arte más hermosas que ningún humano jamás podrá realizar, y yo estaba maravillado por todas esas cosas que no puede crear el pensamiento. Luego de unos instantes, Lupe quedó dormida, con los ojos abiertos, como agotada de toda la belleza que hace con el sencillo hecho de estar despierta y viviendo. Y luego cuando se dirigió al segundo árbol, aquel en donde confirmé que era una señorita, volvió a quedarse dormida. Las ardillas se duermen con los ojos abiertos, es como si se desconectaran, y su mirada es vacía, no es una mirada sino la ausencia de esta, como la de un rostro albergado de pensamientos. 

Lupe despertó y empezó a sentirme, si hubiese sido un macho habría huido, pero las hembras siempre son más curiosas. Y a pesar de que su mirada reflejaba terror, su curiosidad era más fuerte, y no podía moverse, inquietada con mi presencia y mi intensa mirada, tal vez podía sentir además mi sonrisa de placer por tenerla aterrada, sonrisa de placer por el sencillo hecho de que sería incapaz de hacerle daño, pero me encantaba gozar de la manifestación de sus sensaciones. 

Ella estaba aterrada pero su instinto le dejaba claro que era un macho, aunque no sabía de qué especie, y como era primavera no supo hacer nada mejor que dejar caer su enorme cola, hondeándola vehementemente emitiendo una especie de grito silencioso en medio de la enorme rama, y sus excrementos de roedor caían siendo golpeados por ésta, para esparcir el aroma del llamado del amor. Pero era un llamado que yo no podía responder, sino contemplar, maravillado, al borde de unas inexplicables carcajadas de emoción por ver a la naturaleza misma manifestándose frente a mis ojos.

Lupe entró en terror, si ese no era un macho entonces qué sería. Y empezó a emitir un sonido bastante horrible y alarmado, el aire de su pequeño cuerpo se acumulaba en unas fosas nasales deliberadamente obstruidas para componer ese ruido de espanto. Lupe demandaba una respuesta. Lo más inteligente hubiese sido irse, para preservarse (a pesar de no haber peligro), pero la curiosidad le impedía hacerlo.

El ruido no cesaba, y empezaba a ser agresivo, de ataque, y como es el caso usual en las hembras, en cuánto más tratan de ocultar el miedo, es cuando uno más evidentemente puede confirmar que lo tienen.

Ya empezaba a aburrirme de Lupe, porque ya me había visto, y no iba a asustarme un animal que por más asustado que esté, no tenía la capacidad de ser peligroso. La belleza de Lupe se había vuelto tan ausente como mis ganas de dejar que siguiera asustada, y me retiré a las labores de un día azul de primavera.

Volví a verla el día que Henry, a quien le decimos por cariño "el carajito e'l coño", vino a visitarnos. Me hallaba solo (al menos que ustedes como yo consideren a un libro de Poe una compañía), y ella estaba caminando de una forma nueva, con su nariz pegada en la tierra, moviendo la pata izquierda delantera junto a la derecha trasera, y luego lo mismo con las dos restantes, pasando indiferentemente sobre unos pajaritos que salieron volando, y sus agudos sentidos me maravillaron, pasando entre tantas ramas tan delgadas y amontonadas, y no tocando ni una sola. Cuando mi mirada distraída volvió a buscar a Lupe, como acordándose de una idea que no se dijo completa, Lupe había desaparecido, y seguí leyendo en medio de tanto azul y tanto verde.

Lupe terminó apareciendo, descendiendo de un árbol bastante retirado, y quedé fascinado al recordar que ellas se mueven más ágilmente en las alturas de las ramas que en el verde del piso, las ramas son las alas y los árboles su forma de volar. Bajó hasta una enorme rama, y lo que vi fue lo último que me esperaría ver, dejó caer sus cuatro patas encima de la gorda rama, y empezó simular los rituales del amor, elevando su cola como una bandera poseída por el viento, y luego cayendo desfallecida mientras el resto de su cuerpo se hallaba en la misma posición en la que se ejecutó el acto del amor.
Luego los pasos de unos vecinos interrumpieron su sueño de ojos abiertos, y desapareció entra las ramas.

Luego de unos siglos de Poe que tomaron espacio en un cuarto de hora, Lupe reapareció en la rama de un árbol cercano, contemplándome como si me amara. 

Pero en el paseo de hoy Lupe no estuvo, y las verdes enredaderas colgantes se balanceaban sobre los árboles, y me detuve otro momento antes de tomar el camino de la carretera, escuchando los pequeños gorriones alimentar a sus hijos. Y pensé en que tal vez nunca vuelva a ver a Lupe, o si la veo me odie por no ser una ardilla y no servirle de nada, lo que nos hace animales distintos es que ella no puede apreciar algo hermoso en sí mismo, para ella sólo existen las cosas que le sirven y son útiles. Lupe es indiferente a la belleza que produce y que no existiría sin ella.

En la carretera una extraña sensación bañaba mi rostro, olas cálidas de viento se mezclaban con otras bastante frías, y ambas parecían hacer el amor sobre mis mejillas, ruborizándome sin poder verlas pero sí sentirlas. A lo lejos un árbol de flores blancas con tonos violeta estallaba de belleza frente a mis ojos. Más adelante encontré un árbol de ramas secas que parecían una lluvia muerta y congelada, y de él empezaban a nacer blancas flores con un tono rosado, y las lágrimas inundaron mi rostro antes de que pudiera darme cuenta. De regreso vi a un árbol de cerezos que había sido asesinado por la última nevaba, y al verlo con cuidado me di cuenta de que nuevas flores le empezaban a nacer, y esa sensación de alegría e irracional esperanza sin esperas me colmaban como pocas cosas el sentimiento. No recuerdo cuántas horas me duró la sonrisa, las eternidades caben todas en un suspiro frente a un árbol de cerezos.

Seguí caminando y el primer árbol volvió a estallar sobre mis ojos, como si no lo hubiese visto, como si no lo estuviese escribiendo sino viendo en este momento, y se manifestaba imponente, en medio de verdes arbustos y al frente de la preciosa casa de finas piedras de mis vecinos.

Seguí caminando y me sentí tan feliz de ver las flores amarillas que sobrevivieron la nieve, como protegidas por su poderosa pero frágil belleza, y verlas brillar era más hermoso que cualquier refugio. Luego caminé y vi a mis vecinos, los que tienen a Dacota, la perra de uno de mi relatos, pero estaban demasiado ocupados y yo tenía pocos ánimos de no darme cuenta de ello. Contemplé a mi izquierda los arbustos amarillos, y me sentí tan triste al ver que se había desvanecido por completo su color de recién nacidos. La belleza es tan efímera y eso es lo único que la hace verdadera. 

Luego iba caminando y mis párpados empezaban a caer, porque es agotador ver con tanta intensidad todo lo que está a tu alrededor, y al bajar la mirada vi una bella flor del monte a la que se le empezaban a asomar unos preciosos pétalos amarillos, temblaba por la brisa y por el frío que hacía debido a que el sol se desvanecía, fríamente, como si nunca pensara volver, que es su forma diaria de desaparecer en primavera. 

Me senté y me quedé mirando bailar de frío a la flor, y con una sonrisa decidí nombrarla Laura porque era tan bella que parecía tener su raíz en el infierno y porque todas las cosas son tuyas cuando les das un nombre. Me levanté, y mi última visita de hoy fue para un joven árbol de flores blancas, que contemplé con una agotada sonrisa, y luego me devolví a casa, realmente exhausto de tanto ver. 

De regreso escuché a mi vecino, (el que cree que es dueño de Dacota, pero parece al revés), y no lo pude ver; luego pensé en que me sentía cansado, y levanté la mirada justo en el momento en el que sus ojos me reconocían, y su rostro dibujaba una preciosa sonrisa de chocolate que me llenó el abdomen de cosquillas, y yo respondí con una sonrisa tímida, avergonzada tal vez de que con mi acento y mi timidez la palabra "Hi" se exclame de forma tan estúpida. Ambos levantamos nuestras manos, la mía bajó rápidamente, la de él parece aún no haber bajado.

Seguí caminando pensando en lo mucho que alguien puede amarte por rescatar a su preciosa loba siberiana, y en ese momento me asomé a los gigantes pinos percatándome de la presencia de los halcones, eran demasiado y enormes, parecía que ese pino en particular tuviera la capacidad de hacerlos nacer como si fueran sus frutos. (¿Lupe me estará soñando mientras escribo esto?). Eran como unos cincuenta o tal vez más, pero no puedo culparlos por elegir como hogar la casa de la única persona en este bosque que sabe cómo volar. 





martes, 7 de marzo de 2017

Algunas mujeres son alguien, otras son algo.

Cuando uno habla de mujeres, a veces habla de alguien, y a veces de algo. Me imagino que con los hombres puede pasar lo mismo, pero ese es un tema que le corresponde tratar a quien desee hombres, yo sólo puedo hablar de mujeres porque es lo que me interesa.

Hay mujeres que son algo y hay mujeres que son alguien, y pensar que uno es mejor que el otro, que ser objeto es un insulto y ser alguien una virtud, es realmente inexacto. Todas las mujeres son algo y son alguien, en el aspecto sexual son algo, en todos los demás aspectos, son alguien. Y me parece que esto es lo que en ciertos estudios científicos se divide entre amor y deseo, y que, según esos estudios, son incompatibles.

Es decir, siempre que deseas a una mujer deseas a un objeto, tú ves senos, pero son las imágenes que esos senos desatan las que encienden el deseo. En este caso, nos referimos al tema psicológico, porque en el tema biológico, es totalmente distinto.

En el aspecto biológico, no somos conscientes de las reacciones que ocurren en nuestra actitud ante el estimulo sexual, está en nuestra naturaleza evolutiva, cuando un hombre le sonríe a la mujer de las tetas grandes o cuando una mujer es inusualmente amable con el chico atractivo, no somos conscientes de ello, es un mero instinto reproductivo que toma lugar en nuestra mente apenas ocurre.

Hay quienes han sugerido que Raga es un enfático promotor del poliamor, y no hay nada más inexacto que eso, debido a que en primer lugar, el término "poliamor" me parece no más que un eufemismo para referirse a la poligamia. El amor no tiene nada que ver con lo sexual, e identificar al amor con el apego sexual no es más que algo creado por la cultura. El amor es la forma en la que nos relacionamos con todo a nuestro alrededor, como sentimos las cosas que pasan mientras pasan. Pero eso nunca lo descubrimos porque el sexo es el centro de nuestra existencia, y casi todo lo que se hace al hablarse del amor, se trata del sexo y su importancia para nosotros.

En los estudios arriba mencionados, muchas mujeres reprimen los estímulos biológicos, en parte por educación y en parte -esto no es preciso- por el instinto, que se debe a que la hembra es fecundada, y por lo tanto, necesita tener al mejor fecundador, tener muchos fecundadores no es tan importante como tener al adecuado. En cambio, aparentemente, el macho a desarrollado un instinto de que mientras más mujeres fértiles, más seguridad tiene de reproducirse. Esto es muy instintivo, y los seres humanos somos mucho más complejos, y para entendernos hay que ahondar más profundamente, pero simplemente lo que quiero reflejar es que somos demasiado complejos como para andar tratando de definirnos. Definir no es comprender, a pesar de que se tenga la noción común de lo contrario.

Entonces, hay mujeres que uno recuerda en forma de objeto, por unos senos preciosos e interminables, por un tono de piel que te enciende, por sonrisas y gestos y manos que se tatúan en la memoria. Y este encuentro ocurre como el que puede ocurrir con un paisaje, es algo fácil, es algo simple. Por otro parte, cuando recuerdas a una mujer como alguien, recuerdas su complejidad, las historias que les entrelaza, la felicidad y por supuesto, las desdichas.

Las mujeres que son algo no es que no te importen, simplemente te importan de una forma diferente. Hay muchas cosas que influyen:

1) Incompatibilidad intelectual: Si a ti te gusta quedarte en casa y ella prefiere hacer cosas que a ti te aburren, y viceversa, es natural que no sientas tanto interés en su personalidad como en los encantos de su belleza, que son un hecho innegable, tanto como el hecho de su incompatibilidad. Es decir, lo que veo en ti es la belleza femenina, la contemplación y admiración, pero tu personalidad no es un libro que me mantenga sumergido línea por línea, y eso no está mal, muchas de las cosas hermosas se hallan en cosas sencillas. Lo que si estaría mal sería mentir e ilusionar para aprovecharte de esta persona, usarla, y lastimarla deliberadamente. Por lo tanto, esa persona es algo, como lo es una flor, un árbol, un atardecer, y pueden pasar momentos hermosos juntos. Ella sintiéndose hermosa y deseada a través de tus poemas, tú cediendo a los llamados de la inspiración.

2) Imposibilidad para enhebrar historias: Si una persona se halla casada, con hijos, y responsabilidades, definitivamente tu inteligencia instintivamente va a decirte que todo lo hermoso que ocurra con esta persona va a pasar a mediano plazo, ¿por qué? porque los deseos se vuelven destructivos cuando entran en contradicción. Lo que sientes (de tener un intelecto sano) es que la deseas, es hermosa, y te inspira; que el matrimonio no tiene sentido, y que la belleza se llama a sí misma a manifestarse a través de ustedes, pero que esa persona se haya en esa etapa en la que las personas no tienen energía para revolucionar sus vidas, y lo máximo que pueden hacer es huir de ellas, y llegará un momento en el que te des cuenta de que eres un escape para esa persona, y luego esa persona va a darse cuenta de que por más que quiera depender de ti, eso no va a salvarle de su vida, porque su vida es una máquina que genera conflicto y frustración, y tú eres sólo una breve pausa entre un ruido y otro. Temporalmente esta persona va a comprender que mientras más está contigo menos le gusta su vida, y van a tener que alejarse antes de que se arruinen la vida tratando de casarse o algo así.

En este caso, esta persona se vuelve objeto, porque es la única forma sana de disfrutarse mutuamente.

3) La edad: muchas veces nos atrae alguien mayor que nosotros, por su personalidad, sus anécdotas, y lo que puede enseñarnos, y además de que a veces la gente se vuelve sabia y madura con los años (muy pocas veces, por lo general sólo pasa cuando ya eran maduros de pequeños; el que es idiota, con los años se vuelve recontraidiota.); entonces, puedes sentirte muy atraído por esta persona, y es un capítulo que quieres vivir, sin embargo, sabes muy bien que esta persona tiene la belleza del ocaso, y eso te hace disfrutar intensamente lo que tienes mientras lo tienes, y es entonces cuando se va haciendo más y más objeto.

Así que, las personas que son algo, se vuelven capítulos en tu vida, y las personas que son alguien, con un libro entero.

Entonces, tenemos tres tipos de objeto: la flor sin intelecto, la brisa sin historia, y el ocaso que es efímero. Todas estás cosas fundamentan un conflicto entre ser alguien y ser algo, pero ¿de qué forma se puede vivir en armonía sin entrar en conflicto? sencillo, sin el deseo psicológico. El deseo de hallar seguridad en el futuro, de prolongar el placer indefinidamente, genera consigo el conflicto, sacrificas lo que vives por lo que podrías vivir. Hallas seguridad en ilusiones y al hacer esto conviertes el presente en un campo de batalla que se disputa entre lo que es y lo que debería ser.

Todas las personas son algo y son alguien, y es cuando las descubres, sin esperar nada de ellas, que misterios más allá de tu imaginación toman lugar. ¿por qué? porque aprendes de ellas, de lo que son, no de lo que esperas o te conviene que sean. Y es entonces cuando el amor toma lugar, porque amar es la forma de sentir, no lo que acumulas y controlas y mides. Y en ese punto, el sexo se vuelve una parte de tu vida, no el centro de ella, y el amor cobra un significado absolutamente nuevo.

Recordando a Laura Daniela

Hay personas que se quedan en tu corazón para siempre, y además en tu vida, y puedes disfrutar de ellos, de cada instante de ellos (suponiendo que usted sea de los que siente y no de los que se acostumbra); pero hay otras personas que se quedan en tu corazón, mas no en tu vida, y Laura es una de estas personas.

Escuchaba una canción inspirada en Maria Elena Walsh, y pensé en Laura. Laura estuvo conmigo en mis comienzos, cuando nadie me conocía, cuando nadie andaba ansioso por pretender que me conoce. Siempre pensamos a las personas que amamos en algún lugar, con ciertos colores, en un espacio que nuestra mente crea para ellos. La ciudad que hay en mi mente para Laura es una ciudad llena de bibliotecas y de tantas, pero tantas ganas de leer libros.

Laura y yo siempre nos amamos y nunca lo decíamos, porque éramos un par de niños con ganas de comerse al mundo a mordiscos de aventuras. Nunca soñé tan plácidamente como en esas noches en las que dormía con la bella sonrisa de Laura, llena, en parte de sueños, y en parte de ganas de soñar.

A mí lo que me gustaba de Laura era que en ella encontraba lo que no encontraba en nadie más, ¿y qué era eso? pues eso era Laura. Si comparabas a Laura con cualquier mujer, siempre iba a desencajar Laura, pero cuando simplemente te sumergías en Laura profundamente, te dabas cuenta de que ella era más que una mujer, y se encargaba en demostrarlo intensamente en cada instante.

Para Laura yo nunca fui Raga, ella no me llamaba así, ella no me respetaba, y tal vez sólo por eso pude confiar tan plenamente en ella, como no pude confiar en muchas de las mujeres que vinieron después, ¿cómo se supone que puedas confiar en alguien que desde el primer momento parece idealizarte y verte como la respuesta a todos sus problemas? ¿Cómo confiar en una mujer que te necesita sin siquiera conocerte?

Laura siempre tenía miedo de que la fama me corrompiese, se alarmaba un poco cuando empezaba a ver que salían admiradores y personas que me trataban como a un joven superdotado, yo no sé si llegué a corromperme, probablemente sí, porque de lo contrario no existe otra razón para que hoy Laura no esté conmigo. No me refiero a estar conmigo como pareja, de hecho nosotros jamás nos sentimos de esa forma más allá de esos momentos tan vulnerables que ocurren antes de dormir cuando uno se siente plenamente amado. A lo que me refiero es a que ella no está, y no puedo ni siquiera escuchar su voz, o mirar sus ojos llenos de emociones y deseos, y adivinar sus silencios y sus miradas, y sus gestos, porque ella no sabía ponerse en palabras, y yo era un traductor del lenguaje de sus gestos, ella podía mirarme y ya yo sabía qué quería, qué sentía, qué le aquejaba, y eso era lo hermoso de ser tal vez el único amigo verdadero de Laura.

Tal vez siempre he sentido una debilidad por esas personas que son tan maravillosas y a la vez no encuentran forma de manifestar su voz en este mundo, tal vez yo escucho su voz en sus silencios, sus secretos, su interior, y eso es lo que le da sentido a estar vivo y mi literatura. Yo no escribo por las cosas que hay que decir, sino por aquellas que no hay que callar.

A Laura siempre la siento como una niña, una niña siempre inconforme consigo misma, que cuando estaba sola se conmovía como nadie al ver el atardecer, pero cuando estaba conmigo buscaba siempre maneras de arruinar el momento con alguno de sus conocimientos científicos de astronomía que -aunque le irritaba- servían de inspiración para mis poemas. A Laura le encantaba arruinar todo momento tierno entre nosotros, tal vez porque era una forma de manifestarse, de hacerse presente, ella sabía que mientras me llevara la contraria sería alguien por sí misma y no simplemente la mujer de Raga, ella odiaba a Raga, a pesar de que me amaba a mí.

Laura siempre buscó maneras de no ser asociada conmigo, y de que siempre que se viese conmigo, encargarse de que se dieran cuenta de que ella no estaba babeando por mí como todas esas otras chicas, que según ella, venderían su dignidad a cambio de un poema.

Por eso es que Laura me ha inspirado tanto, porque a veces su necedad la hacía ver incorruptible.

Yo sé que tal vez Laura pueda despreciar todo lo que escribo, sencillamente porque es hermoso y ella odia esa sensación de belleza, porque no le gusta sentirse vulnerable frente a un poema, al menos que esté sola, al menos que esté dormida sujetándose a la vida mientras aprieta uno de mis fuertes brazos.

Es asombroso cuánto tiempo a pasado, es como si esa Laura ya no existiese, y formase parte de otra vida, y sin embargo, cuánto puede evocar un verso y un poema, cuántos mundos pueden nacer de un trocito de belleza.

Al irme de Laura me fui a la vez de toda la literatura latinoamericama, no por desprecio, no por idealizar lo extranjero, simplemente conseguí una tienda de libros usados y bueno, no hay demasiados libros latinoamericanos en esa tienda, así que me sumergí a la literatura universal, pero siempre que pienso en Benedetti, Sabato, Borges, Cortázar o Gabo (y Galeano, en especial Galeano), es como pensar en Laura.

Porque una persona no es sólo lo que es, sino que además es la etapa de tu vida por la que te acompañó.

He cambiado mucho, y me imagino que Laura también. Por lo menos me queda el consuelo de saber que a lo último Laura se aburría de mí, me decía que esa historia ya se la había contado, o que ya le había dicho sobre la historia de ese país, y bueno, el recuerdo de esa parte de la historia me hace pensar que tal vez le dí todo lo que pude darle mientras estuvimos juntos, y es un hermoso consuelo.

Yo no sé si Laura me recuerde, y no me molestaría si no lo hace, porque no deseo nada de ella, es imposible pedir más belleza de la que pasé a su lado.

Tal vez Laura ahora no tiene los mismos intereses, porque muchas de las cosas que Laura hacía, leía o observaba, era en gran parte porque todas las noches podía llegar y me lo iba a contar y yo la escucharía con toda la atención que le entrego a una flor o a un atardecer.

Yo he cambiado mucho, pero no cambiaría nada de lo que pasé con Laura.

Si volviese a verle, lo que haría sería escucharla, hablaría sólo lo necesario, gozaría de cada instante, de la forma en la que el aire sale de su interior, y sus dientes y lengua y labios hacen la magia de su voz.

Esto no es una despedida, yo a Laura jamás podría decirle adiós, porque Laura es una de las más bellas partes de mí. Y es necesario decir esto, porque sin su belleza y su apoyo yo probablemente no estaría aquí.

En la época de Laura, yo no tenía ganas de vivir, mi vida era una entera frustración, un conflicto entre lo que vivía y lo que quería vivir, y en esa época, los únicos momentos hermosos, eran aquellos con Laura.

Yo no sé nada de Laura, hace mucho no lo sé, pero sólo sé que deseo que le pasen todas las cosas hermosas y maravillosas que sólo un ser como ella merece que le pasen. Hablo de un atardecer, del verde del césped, de la brisa, y ojalá algún día puedas conocer ese mar al que siempre quise llevarte. Pequeña Laura, castorcito, china pendeja...

martes, 28 de febrero de 2017

50 cosas sobre Victor Hugo Raga

1) Puedo pasar horas y horas en la naturaleza sin aburrirme, siento que al estar en ella toda su belleza me limpia, y hasta los pensamientos pareciesen haberse pensado todos por primera vez.

2) No tengo muchos amigos artistas o intelectuales, a mis amigos los escojo porque son buenas personas, si escriben o pintan eso es lo menos importante.

3) No soy alguien conflictivo, todas mis relaciones son bastante hermosas, y por lo general cuando descubro que alguien es una máquina de general conflictos, me alejo sin mirar atrás, así como nadie vuelve a asomarse en la basura luego de haber tirado una comida podrida.

4) Me gusta la música clásica y las canciones con un profundo mensaje poético, como Silvio o Yupanqui; pero prefiero el canto de los pájaros por encima de todas las cosas.

5) Sufría de depresión diagnósticada hasta que conocí a Krishnamurti y mi vida se transformó por completo.

6) No soy tan mujeriego como se piensa, y aunque muchas veces me dicen que podría volver loca a la mujer que quiera con mis poemas, no pierdo mi tiempo escribiendo para personas que no me inspiren una profunda belleza.

7) Me gusta el ajedrez y soy invencible.

8) Hago ejercicio a diario.

9) Me encanta mirar las ramas de los pinos cuando hace brisa.

10) Me fascina el amanecer.

11) Me fascina el atardecer.

12) A pesar de que parezco serio y desde que soy niño todos dicen que tengo cara de jodido, siempre estoy haciendo reír a las personas que conviven conmigo diariamente.

13) Repudio a los manipuladores.

14) Repudio la hipocresía y la doble moral.

15) Soy una de esa rara raza de personas que todo lo que escribe, dice o piensa, es porque lo vive, y no porque le gustaría vivirlo algún día.

16) Puedo quedarme horas viendo las flores, mis favoritas son las amarillas.

17) Tengo muy buena memoria, y siempre tengo cosas interesantes que decir sobre casi cualquier tema.

18) Soy bastante conversador, mis amigos nunca se aburren cuando hablan conmigo.

19) Me encanta ver la lluvia caer y me encantan aún más cuando escampa y todos los colores se intensifican.

20) En todos los lugares donde he trabajado me reconocen como alguien bastante honesto.

21) Nunca he lastimado a nadie deliberadamente.

22) Canto muy feo pero a diario.

23) Me enseñé inglés yo mismo con libros en inglés y un diccionario.

24) No tengo ambiciones, ni sueños, ni me siento orgulloso de nada. Porque todas las cosas que hago las hago por amor, y encuentran un fin en sí mismas, no en su consecuencia.

25) No me comparo con absolutamente nadie. Compararse es destruirse, y no hay ser más miserable que aquel que siente dicha al compararse con otros.

26) No creo en eso de ser mejor persona, serás mañana lo que eres ahora, por lo tanto ser libre, ser bueno, y amar, son cosas que sólo ocurren en el presente.

27) No tengo creencias, ni politicas, ni religiosas, y eso lejos de hacerme cinico, me hace profundamente sensible a todo lo que me rodea.

28) No creo en Dios, y eso me hace ser profundamente responsable de todas mis acciones, de la forma en la que trato a los otros, en la que me expreso, en la que los escucho.

No creo en Dios, por lo tanto mi vida es lo que haga de ella ahora, y por lo tanto no soy de los que vive una vida llena de sinvergüenzuras esperando que un ser superior les perdone las crueldades.

29) La verdadera belleza no necesita expresarse, las palabras son limitadas, son la sombra de la verdad.

30) Mi primer libro lo leí a los 19 años.

31) Conocí la literatura gracias a las redes sociales, es por eso que siempre estoy compartiendo cosas en internet, no porque me crea mejor que nadie.

32) Casi todos piensan que soy arrogante antes de conocerme y al conocerme suelen sorprenderse muchísimo con lo forma tan tierna y cariñosa de ser.

33) Paso mucho tiempo solo, y eso suele perturbar a las personas que le tienen miedo a la soledad.

34) Casi todas las cosas que escribo son las mismas que vengo diciendo desde que tengo 15 años, sólo que ahora domino un poquito más el lenguaje.

35) Tengo una profunda fascinación por la historia, puedo contarles la historia de la cultura que quieran.

36) Lo que le da sentido a mi vida es la compasión (pasión por los otros), y la pasión significa, permanecer con el dolor, es decir, alguien apasionado es alguien que no huye del dolor, que lo afronta, y es por eso que aprendo de todo lo que vivo cada día, porque no huyo, no escapo.

37) Las personas que viven conmigo a diario me describen como alguien muy tranquilo, gracioso y cariñoso. No soy de los que son luz para la calle y oscuridad para la casa, de las personas que se quejan de mí, rara vez son las que comparten conmigo de verdad.

38) Soy bastante protector, cuando alguien se mete conmigo no hago caso, cuando alguien se mete con mis seres queridos soy bastante feroz.

39) De niño siempre fui un rebelde silencioso, odié la escuela siempre y reprobé casi todos los años porque no me interesaban las tareas. Me pasaban sólo por buen comportamiento, es decir, que era tan callado que los profesores llegaban al final del año y no sabían quién era.

40) De niño todos pensaban que tenía autismos o retraso mental porque siempre estaba callado, y solo, hasta me llevaron a un psicólogo, y les dijo a mis padres que tal vez simplemente no era común pero que no por eso había venido defectuoso.

41) De niño jugaba creando historias con los juguetes, siempre solo; y luego que no podía seguir jugando con juguetes, traté de satisfacer mis necesidades lúdicas con los deportes, pero no fue hasta que encontré la literatura que volví a sentir esa mágia que sólo había hallado de niño.

42) Me aburren muchísimo las personas con conflictos emocionales que no hacen más que escapar de sus problemas, la cobardía es lo más común que hay, nadie cobarde puede ser interesante. Cuando alguien quiere enfrentar sus problemas, entonces me levanto y digo: cuentas conmigo, vamos a echarle mano a esto.

43) Tengo mucha imaginación, lo cuál es bastante divertido.

44) Mis sentidos son bastante agudos, por lo general percibo cosas que casi todos pasan por alto.

45) Mi habitación es una biblioteca con una cama en el medio.

46) Suelo reírme como un niño pícaro y travieso.

47) Me encanta ronronear cuando tengo sueño.

48) Soy bastante selectivo en escoger libros que leer, y musas en las que inspirarme. Siento que cada página de un libro aburrido, es una menos de un libro interesante.

49) Soy bastante respetuoso a pesar de que no lo aparente en redes sociales.

50) No soy vanidoso en lo más mínimo, suelo ignorar todos los halagos, y además, soy bastante abierto, siempre que alguien tiene algo que decirme le escucho con atención e interés. Así que si alguna vez has querido conversar conmigo, no dudes en hacerlo, seguramente la pasaremos bien si tenemos intereses en común.

Detesto a los líderes y a los seguidores, sólo me interesan los amigos.